Alguna vez escuche a un líder decir “la parte más peligrosa de un ministerio, es el ministerio en sí”. Pensé haber entendido esa frase y dije “es cierto, el ministerio te lleva a perder tu humildad si no tienes cuidado”, pero al pasar del tiempo y de vivir en el ministerio, me di cuenta que lo “peligroso” iba más allá, y en realidad si era muy pero muy peligroso.

Es común escuchar la frase “siempre debemos darle la gloria a Él”, o “no olvides de darle el reconocimiento a Dios”, y la verdad es muy cierto, es bíblico. En todo ministerio y en todo momento, la persona que siempre será exaltada y reconocida es Dios; no el hombre. “No a nosotros, o Jehová, sino a tu nombre da gloria”. (Salmos 115:1). Pero el llevarse la Gloria uno, como persona, no es en absoluto la parte peligrosa del ministerio. Me di cuenta, por experiencia, que había más todavía.

Sé que, “ministerio” es algo que muchos deseamos, pero primero debemos entender que “ministrar” simplemente significa “servir” y eso se puede realizar de diferentes formas (ministrar a Dios-ministrar a las personas, bendecir a Dios-bendecir a las personas). Dios nos ha dado a cada quien diferentes formas en las cuales podemos servir a través de nuestros dones y talentos. ‘Ministrar’ no necesariamente se realiza frente una congregación o pulpito, pero a muchos quizás si se les ha dado ese tipo de ministerio, y quizás pueda ser más demandante (en muchos aspectos).

Entendí que el ministerio puede ser peligroso:

A veces estamos tan involucrados en nuestro ministerio que lo llegamos a confundir con una relación con Dios. Llegamos a pensar que porque tenemos un ministerio nuestra relación con Dios es más fuerte o debe ser más fuerte. Recuerdo varios momentos en que dirigía a la congregación en adoración, y la presencia de Dios nos invadía. También recuerdo momentos en que al orar por otras personas, o compartir la palabra, Dios respondía con su presencia. Al ministrar también vivíamos momentos íntimos con Dios como iglesia que yo en lo personal me sentía refrescada. Pero también recuerdo que al llegar a mi casa después de ministrar, me iba a la cama sin orar y sin pasar tiempo a solas con Dios, decía “este tiempo que acabamos de tener lo tomo como mi devocional del día”. O vise versa, decía “ahorita vamos a pasar mucho tiempo en la presencia de Dios ministrando, así que solo estudio unos versículos, oro para que todo vaya bien, y ¡LISTO!”. Y así sucedía en muchas ocasiones. Hasta que, al pasar del tiempo, poco a poco me empecé a sentir vacía e insatisfecha. Dios de una forma dura, me hizo entender que el “ministerio” no podría reemplazar mi relación con Él. La oración en la congregación, la alabanza en la iglesia, su presencia en esos momentos no podían remplazar la oración, adoración, y presencia a solas con Él. No porque ministraba significaba que estaba más cerca de Dios. Eso solo era Él siendo fiel a su persona y usándome como un instrumento para hacer lo que Él quería hacer en esos momentos. Eran momentos donde a mí me tocaba compartir de lo que Dios me había dado a través de una búsqueda genuina; a través de una relación. El servir o ministrar no hacía mi relación más fuerte con Dios, solo era eso; ministrar. ¿Qué pasa cuando hay momentos de quietud en nuestro ministerio y no estamos ‘ministrando’ por un tiempo? ¿Qué pasa luego? En mi caso, me sentía fuera de lugar, vacía, lejos de Dios, y entendí que esos sentimientos eran porque estaba tan involucrada, tan activa, que deje que el ‘ministerio’ fuese lo que me llenara; no Dios. ¡Eso sí que es peligroso! Claro que el liderazgo o ministerio requiere mucho trabajo y esfuerzo, pero no nos distraigamos con eso, como lo hizo Marta, en la biblia, (Lucas 10:38-42). Ella quiso impresionar a Jesús sirviéndole con su trabajo y se ocupó mucho de ello, en cambio su hermana, María, quiso establecer una relación con Jesús. A veces estamos tan ocupados en el trabajo de Dios, que no nos resta tiempo para estar con Él. Estamos tan ocupados que nuestro ministerio solo va girando en círculos; ¡no llegamos a nada! Debemos aprender a esperar en su presencia y dejar que todo ministerio, cualquier tipo, nazca de una relación. “Toda buena dadiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el padre…” (Santiago 1:17). Ministremos o no ministremos, sirvamos o no sirvamos en una área específica, en un momento especifico, nuestra relación con Dios debe ser genuina, fuerte, y simplemente disfrutable. ¿Me explico? Una relación con Dios es vital para nuestras vidas. No vayamos detrás del ministerio sino no detrás de Dios que es el galardonador de los ministerios. Recuerda “ministerio” no equivale a una relación. Si aprendemos esta verdad y la adoptamos en nuestra vida y liderazgo, podemos estar seguros que de nuestro interior brotaran ríos de agua viva (Juan 7:38), y nuestro ministerio ya no será el mismo. ¡Sea Dios exaltado!

Irma Cristina is the Worship Leader of Templo Eben-Ezer in Weslaco, Texas. Her album Una Nueva Canción was released in 2013. She is a graduate from the University of Texas Pan-American with a Bachelor Degree in Music Education, and she is currently studying in Christ for the Nations Institute. She is the director of Emanuel Music School which was founded in 2015. Irma and her husband reside in Weslaco, Texas working together in Ministry. 

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